Opinión

La estampa del cabecero

Elena María |

En el tiempo en el que el mundo está parado, las emociones humanas se desbordan y se hacen dueñas de todo. Lo que antes era un gesto normal, que carecía de importancia, hoy nos parece el más preciado tesoro. El simple contacto de un abrazo hace brotar lágrimas de pura alegría, de saber que el otro está ahí.

Y las hermandades siempre estuvieron ahí. Siempre hubo una estampita en el cabecero de una cama de hospital. Siempre hubo una foto en whatsapp con el mensaje “Él está con ustedes” “Ella lo acompaña”

Pero… ¿Y cuándo no podemos estar con ellos? ¿Qué pasa cuando el virus se hace presente y te impide estar al lado de quien más quieres? Las miradas enmarcadas en ojeras, las mascarillas, el olor a antiséptico y la espera de la incertidumbre. Y en la mente esa persona. Cómo estará, dónde estará, lo podré ver… Los hospitales se han convertido en trincheras, y las salas de esperas en tortura. Pero lo que ha crecido y lo que hace de estas experiencias algo más llevadero es la humanidad. Los gestos altruistas, los mensajes de apoyo.

Y las hermandades, aunque las iglesias hayan estado cerradas y no podamos entrar como antes, siempre estuvieron ahí. Siempre hubo una estampita en el cabecero de una cama de hospital. Siempre hubo una foto en whatsapp con el mensaje “Él está con ustedes” “Ella lo acompaña”. Siempre hubo miembros de junta de gobierno pendientes de si necesitas algo. Siempre hubo compañeros de largas noches de montaje que se ponen a tu disposición. Siempre hubo amigos de otras hermandades poniendo velas a sus titulares por ti y los tuyos. Siempre hubo Semana Santa. La Semana Santa de las personas, de los buenos gestos. De sentir el hábito aún cuando no salió del armario.

Y siempre hubo quienes intentaron poner al Señor y a su madre lo más cerca que pudieran de ti… “Dame su medalla que se la ponemos a los pies” “¿No tienes una foto? Se la queremos poner por dentro de la túnica.” “Toma, el pañuelo de la Virgen, dáselo y así la tiene cerca”.

Por que si algo se saca de la desgracia es la bondad de la gente. Nuestra gente y como hacerte llegar su amor en forma del folclore más arraigado. Porque no hay mayor gesto de amor que el de quien se acuerda de los tuyos en presencia de sus titulares y eso aquí no se ha perdido. El virus no pudo con nosotros. Seguid dejando estampas en los cabeceros de las camas, seguid poniendo medallas a los pies de los que nos cuidan porque es lo que da un poco de luz en esta oscuridad incierta.

Volveremos, aunque nunca nos hayamos ido. Y gracias, gracias a todos.

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