Opinión

Legado

Fran Álvarez | 

En memoria de mi padre.

Hace aproximadamente un año escribí un artículo para esta casa cuyo título era Volverá la primavera, en alusión a lo que nos robó la pandemia justo al inicio de la Cuaresma. 

Hoy, después de un año, es cierto que la primavera recobra cierto sentido para la manera en la que nosotros la entendemos, aunque sea una primavera con tonos grisáceos. Aunque para mí esta primavera es de gris oscuro.

Hace un mes perdí a uno de los pilares más importantes en mi vida, a mi padre, y justo unos días después de haberse iniciado la Cuaresma, lo que para mí lo hacía aún más duro porque para nosotros -en general todo el año- la Cuaresma y Semana Santa la vivíamos de una manera especial e intensa.

Cuando me preguntan o me han preguntado el por qué soy cofrade mi respuesta siempre ha sido y será la misma: por mi padre

En estos veintinueve años que he podido disfrutarlo, han sido muchas Cuaresmas y Lunes Santo entre Huelva y Sevilla. Y muchas tertulias improvisadas en casa después de comer o de cenar hasta altas horas de la madrugada comentando estrenos, la Madrugá en Huelva, la manera de andar de tal o cual paso y de sus vivencias como costalero. Tertulias que van más allá de las que se forman en la barra de los bares. Mucho más profundas y enriquecedoras y que desde hace un mes echo de menos.

Cuando me preguntan o me han preguntado el por qué soy cofrade mi respuesta siempre ha sido y será la misma: por mi padre. Aunque él discrepara en eso y me dijera que eso era cosa mía porque al ser dos en casa -tengo un hermano- él había elegido un camino distinto al mío y yo el de las cofradías. Ahí quizás tenía razón, pero el culpable de prender esa chispa fue él, y tuve la gran suerte de poder conectar y fortalecer más aún ese vínculo.

Hermano de Los Judíos desde los diecisiete años. Costalero durante treinta años y contraguía durante diez años de su Cristo de las Cadenas, nuestro Cristo de las Cadenas. Para nosotros el Jueves Santo ha sido y seguirá siendo, aunque de otra forma, el día más especial en casa. El ir por la mañana a la Catedral, y luego por la tarde bien vestirnos él con la ropa de costalero o el traje, y yo con mi ropa de nazareno o con el traje estos últimos años y prepararnos para disfrutar de nuestro día cada uno en sus funciones, pero juntos. Por supuesto con la atención de mi madre para que no nos faltara nunca agua o alguna chuchería para reponer azúcar.

Siguiendo con nuestra Hermandad de Los Judíos, también quedan lejanas en el tiempo esas largas noches de ensayo subido encima de los sacos de arena y agarrado o cerca de la tercera o cuarta trabajadera que era donde solía estar. Con las consiguientes tertulias en el Bar Bólido y quedarme frito en las mesas. Sin llegar a meterme debajo de un paso, me hizo costalero.

Y creo que también en el campo de la fotografía soy lo que soy, o estoy donde estoy porque indirectamente él también tuvo que ver.

Y ahora me dirijo a ti, que desde donde estás seguro que estás leyendo esto para decirte que me dejas un legado impagable como es, entre otras muchas cosas el amor a la Semana Santa en general, pero en especial a la nuestra, ser judío y la devoción a Nuestro Padre Jesús de las Cadenas. Espero que él te cuide, o tu cuides de él y que le hayas roto sus cadenas. Esperaré tu llamada para saber donde estoy, o te llamaré para saber dónde estás tú. Iré al palco para descansar un poco y contarte cómo llevo la jornada y cuántas fotos llevo. Y cada Jueves Santo te buscaré en la parte trasera del paso, que aunque no te vea sé que estarás ahí.

Gracias por tanto y tan bueno, papá. Cuídame allá donde estés.

Te quiero.

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