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La Hermandad del Carmen presenta “un altar para la historia” donde entronizar a su titular en la Concepción

Las Cocheras del Puerto acogieron en la tarde de ayer la presentación de un proyecto que marcará un hito en la historia patrimonial reciente de nuestra ciudad. La joven Hermandad del Carmen ha dejado atrás los complejos  para presentar un imponente proyecto de retablo para su titular, marcando el camino a seguir para llenar de verdadero arte las desnudas paredes de nuestros templos.

Acompañados por la concejal de Hábitat Urbano e Infraestructuras, Esther Cumbrera; la presidenta del Puerto de Huelva, Pilar Miranda; el párroco de la Concepción, D. Diego Capado y los artistas que darán forma a la obra, la hermandad encabezada por su hermano mayor, Antonio Rivera, dio a conocer este esperado proyecto ante los asistentes al acto. Un retablo que ha sido diseñado por el propio Antonio Rivera junto a Abraham Ceada y que será materializado por los Hermanos Caballero en talla y dorado, Abraham Ceada en escultura y Jesús Zurita en la pintura. Durante el acto se proyectó un vídeo explicativo del retablo y posteriormente se mantuvo un coloquio con los encargados de hacer realidad este «altar para la historia».

EL RETABLO

El retablo presidirá la actual capilla sacramental, en la cabecera de la nave de la epístola, dotando este espacio de culto de la riqueza artística y solemnidad que requiere la veneración de una imagen, así como devolver al templo el esplendor perdido en su momento. El banco es de madera dorada, fechado a finales del siglo XVIII y adquirido en un anticuario. Sobre él descansa una peana de mármoles rosa y verde, y que se adorna con una guirnalda de laurel. En el cuerpo central, dos columnas estriadas sostienen la cornisa, bajo la que se despliega un cortinaje de telas encoladas en tonos verdosos, cuya policromía imita los tejidos de brocado, y que al caer es abierto por ángeles que la envuelven en el soporte, aportando una sensación de movimiento e ingravidez. Termina en la base, donde otras dos parejas sostienen candelabros de cuyos brazos emergen tallos de hojas y flores.

En el centro la imagen titular, con una pintura tras ella, en la que se dispone en la parte inferior el Purgatorio, y en la superior el cielo, donde está María como intercesora ante su Hijo, se divisa la estrella de la mañana, y nubes retiradas por los ángeles para dejar un firmamento diáfano. Por último, en el horizonte el mar, aludiendo al patronazgo sobre la marina española, con un barco llegando al puerto seguro en el que aparece la palmera y el cedro, que aluden a la victoria y la incorruptibilidad. Todo ello dota al retablo de una coherencia iconográfica, lanzando al contemplador un mensaje catequético en el que se profundiza en dos ideas: primero María como intercesora entre Dios y los hombres, segundo la trascendencia y la comunión de los santos.

Por último, en el ático encontramos la ya aludida cornisa de madera dorada, con una rica decoración sobre la que emerge la cornucopia al centro, también fechados en el siglo XVIII, y de la que salen rayos de luz. Ésta es sostenida por dos ángeles en actitud declamatoria sobre las nubes, mientras que los querubines aparecen entre las mismas y se asientan sobre los capiteles. De este modo se integran las artes de la pintura, escultura, arquitectura y talla, se retoman elementos antiguos, sin resultar discordantes con lo nuevo, y aportan al retablo un valor añadido, por poseer unas obras que contribuyen a que el aspecto sea más veraz y concordante con la recreación de un espacio barroco. Debemos destacar además los contrastes entre las superficies doradas y los ángeles, cuyas carnes imitan el mármol, así como el tratamiento entre éstos y las nubes, e insistimos en el movimiento que envuelve todo el conjunto. Todo ello ofrecerá en la persona que lo vea una visión impactante, que permita entrar en un clima de oración, en el que el eje vertebrador sea la Virgen del Carmen.

El resultado es de enorme interés, puesto que supone una reinterpretación de modelos barrocos diferentes a lo que habitualmente vemos en Andalucía y aportando algo nuevo a nuestra rica tradición en arte religioso. Ni será extraño al imaginario popular onubense, ni tampoco repetirá nada, sino que sus líneas suman algo nuevo a la ciudad, enriqueciendo el patrimonio de la misma.

Sergio Borrero
Onubense, cofrade de la Hermandad de la Borriquita

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